jueves, 13 de abril de 2017

The Burros Discos congrega: RAKTA en Medellín

video

Una vez más, The Burros Discos congrega:

RAKTA (São Paulo, Brasil) + Ferdinand Cärclash @ Club 1984

La banda de post punk experimental más interesante de São Paulo, Brasil; militante de los sellos (Iron Lung Records de USA, La Vida es un Mus de UK, Dama da Noite y Nada Nada Discos de Brasil) se presentará el jueves -santo- 13 de abril en Medellín durante su gira USA-MEX-COL 2017 después de haber tocado extensamente por Europa y Japón junto a bandas como Tortoise, Psychic TV / PTV3 y Mueran Humanos.

Junto a Rakta, el brutal acto en vivo de Ferdinand Cärclash con sus máquinas análogas (synthpunk) y una triada feroz de féminas ponediscos que le volará el sombrero.

DJ Sets: Sonika, Diva chyrry & Alice
Ingreso: 15 $

Esperamos dejen vuestra agenda 'santa' de visitar santos de yeso e iglesias y vayan a este pandemonium en plena zona industrial.

CRA 44 # 25-15 (A DOS CUADRAS DEL MAMM)

miércoles, 29 de marzo de 2017

The Burros Discos congrega: RAKTA en Medellín


Medellín es un moridero, un lugar para morir, morir sin dignidad. Como dice ese viejito marica que nació en el barrio Bostón, esta ciudad es un desbarrancadero. Miles de almas madrugan a sus trabajos descolgando por entre empinadas laderas; a lo lejos, la nube de hollín marca el lugar donde queda el centro de la ciudad; allí, a cualquier hora se congregan los jíbaros, los desplazados, la mierda de loco, las putas viejas y las puticas. La ciudad no duerme y no duermen tampoco quienes la administran. A cualquier hora estos “despiertos” están ideando la forma de esconder a los habitantes de calle (como si la calle se pudiera habitar), la escoba de brutalidad policial hace su trabajo y la alfombra de bacrim contiene, resguarda, controla lo impúdico con toda violencia y el ejercicio de infundir temor.

Se acerca la Semana Mayor para los católicos y de ésta no tengo más recuerdos que haber buscado la forma de salir de este cagadero. Recuerdo muchas veces haber salido a acampar y atiborrarme de hongos con Ramón y el Payaso; prefería el infernal frío de Santa Helena, que una semana de hipocresía y doble moral en la capital mundial de regueton. Allí arriba, o en San Felix, o en Capurga hasta las tetas de bareta; un Harold periquiado buscando leña y un Toño que no pudo dormir porque toda la noche Estefanía y yo estuvimos culiando a su lado mientras él se hacía el dormido. Obvio que al día siguiente Toño nos hizo el reclamo; solo nos reímos del pobre pajizo. Pero nada. Mejor ser un fapero que padecer una semana de aburrición en Medellín.
La Semana Santa es un escape hacia el vicio y hacia la hedoné. Mis amigos y yo lo teníamos claro. María, con quien salí por un tiempo, aprovechaba para chupar el chimbo a James mientras yo iba al pueblo con Hernán a comprar chocolate para hacer una bebida con psilocibes. En otra carpa Jorge, a quien nunca le conocí un novio estable, se dejaba escarbar el ano por el mozo de turno, éste muy empericado, solía decir: “no hay nada como un escopetazo de ‘pérez’ en el culo”.

En otra salida, acordamos ir al mar; Coveñas sería nuestro destino/desatino. Durante el viaje David y la Rata se conformaban con secar pegamento en el camión, un camión que agarramos en el matadero municipal, así que su volco estaba lleno de mierda de res, y pues si el hijo de dios nació en un potrero, nosotros por qué no íbamos a viajar sobre el sagrado manto de excrementos. Nos armamos un bareto con moño y caca vaca, para dormir lo suficiente trabados sobre boñiga y aserrín, si no es así, quién duerme. Chimba de viaje. Y sí. Es preferible viajar en un camión de mierda de vacas sacrificadas a tener que soportar una soporifera sesión de rezos y golpes de pecho en ese valle de muerte durante una semana de santa hipocresía.
A Viviana le gustaba mucho el perico. Hubo noches en las que ella no pudo dormir; con el sonido de las olas y desde el lugar donde yacía mi cuerpo intoxicado la veía sacar su dosis de perico entre sus teticas y oler; como un centinela nos miraba a todos y nos cubría a con su mirada de esfinge, esfinge de gata, una esfinge muy arañada. Por lo general, ella no dormía en ningún viaje, siempre con perico de sobra, quizás lo hacía rendir entre tacañería y pequeñas esnifadas; claro que todo todo en paz con ella, ya que sin sus dones para el discurso y la conciliación un escuadrón de paracos nos hubieran matado cerca a Montelibano. Nada más cierto. Primero muertos a permanecer una semana de camanduleras y reggaeton en el Valle de Aburrá.
En la playa de Coveñas tuvimos varios encuentros con paracos; al principio nos abordaban queriendo saber si éramos guerrillos o revolucionarios; ya después nos abordaban para vendernos vicio; mucho después se acercaban para farrear con nosotros, vendernos relojes viejos o ver si culeaban con alguna de las chicas que están con nosotros; el caso es que ellas no soltaban nada y a lo sumo terminamos las noches abrazados con ellos oliendo perico, tomando ron y comiendo morocha cordobesa. Ah, porque no faltaba quien nos ofreciera culiar y entre nosotros no faltaba el que quisiera probar con una costeña. Porque es preferible que el chimbo se nos llenara de piojos a quedar en una ciudad que se disfraza de Santa.

En Cartagena nos pasó. Mientras Liliana y Camila nos esperaban en un toldillo por allá lejos, en la Boquilla, es decir, en la puta mierda; Ronald y yo estábamos cerca al Bazurto hablando de comer negra. Qué rico probar un delicioso chocho de negra, decíamos ya deseosos. Se nos presentó la oportunidad de comer costeña, mejor dicho, nos hicimos a la oportunidad. Yo no quería perder ningún detalle así que ya en la habitación aproveché para ver la forma y el color de la entrepierna de la morena de 23 años. Una soledeña grande y tetona, con un culo de ébano ancho y sudoroso, con un coño pelado, oloroso, rico, sabroso. Más que pensar en que iba a quedar pegado como un perro por ser Semana Santa, pensaba en que era el polvo más insulso que me había echado en lo que llevaba de vida, bajo presión, apurado, de afán, con tiempo medido, no pude ni dar unos lengüetazos en esa raja morada; pero pensaba sobre todo en qué le iba a decir a Liliana. Como es obvio, le conté. Ella se indignó conmigo porque yo estaba incentivando la prostitución, se calmó cuando le dije que no estaba incentivando ninguna chimbada, que sólo queria culiar con una mujer gigante como las que degusta Robert Crumb. Porque es necesario perder la vida y la salud en un abismal culo de mujer gigante y cimarrona, que una misa de gallo en una ciudad que poco o nada tiene qué ver con nosotros. De verdad, es justo y necesario.
 
Huir de la Semana Mayor siempre ha sido un privilegio porque todo aquí, en la tacita de caca, se vuelve insufrible. En los barrios obreros no falta la banda de guerra tocando requiems, yendo por las calles a media marcha mientras miles de feligreses pecadores siguen en procesión a un santo de yeso. El mercado de las crispetas y el mango biche con sal se extiende entre parroquia e iglesia; el parche de los penitentes es ir a visitar monumentos; y en caso de peregrinajes, qué mejor parche que ir a visitar al Señor caído de Girardota. Pero peregrinar con una garrafa vino barato, una libra de regular y el lorito, que no falte el loro sonando las canciones del momento, reggaeton por supuesto. Esto es tradición de chirrete y es normal. No es pecao.
 
La ciudad muere para el hereje. Medellín es por una semana más moridero que lo habitual. Todos los antros mueren y el pecado entra en una especie de hibernación, y es por eso que, el mal huye hacía a las montañas, al monte, al camino de matorral. La situación obliga a convertimos todos en una especie de Hojarasquínes y Madremontes; entidades del mal que entre la hojarasca desobedecen leyes de presunciones divinas. No obstante, y al parecer, este año todo será diferente. The Burros Discos prepara un evento en el día máximo, el día de la muerte de su señor jesus-cristo (señor suyo no nuestro).

El muerto al ojete y el vivo a RAKTA. Este es nuestro rebuzno. Nuestro roznido de desobediencia para abrir un espacio en la ciudad, pues no tenemos porqué huir, nada de eso nos incumbe, ni nos interesa. Esta ciudad es una empresa consagrada para el mal, ésta nunca se ha repuesto, ni se repondrá. El aire y los hábitos diarios son sentencia de lo que no sucede. Es por eso que queremos invitar a quienes huyen hacia el campo a echarse un polvo y a meter vicio, a que no escapen de aquí, pues queremos invitarlos a esta liturgia de delincuencia. Venga y huya después. En las afueras del lugar donde será este evento se congregan también las vírgenes y princesos del turismo sexual; quizás usted quiera ser pujante como los antiguos paisas de esta zona industrial. No hay nada que perder; tampoco hay mucho que ganar. Una experiencia más, una más, pero esta vez con una potente banda de mujeres brasileras, una banda de post-punk, y no sé qué más, llamada RAKTA.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Child Abuse (SKiN GRAFT Records) en Medellín


La búsqueda de lo que no se nos ha perdido porque nunca lo hemos tenido. Este es el título de la vida de cualquier ser humano, cualquiera. El epílogo que todos llevan es ‘ve tras eso’ (ir detrás o ver detrás) y la vida deja de ser vida para ser esperanza. La esperanza es el fuego eterno, en ella nos consumimos como en el infierno más confortable. La vida no es ni más ni menos que autoconsumo, desgaste y fábula. No conocemos el dolor. Somos cabezas parlantes, somos autómatas, estamos programados para no sufrir. Nuestras metas estimuladas por la esperanza están allí, están allí, allí. Justo al lado de la calavera.

No conocemos la paz y se nos antoja jamás asociarla con la muerte. Jamás. No hay manera que la paz se aprehendida. Mucho menos en vida, la paz será conocida.
La verga entra en la chocha, irrumpe la carne, la fricción, líquidos estimulantes hacen del dolor placentero. El semen espasmódico y furioso perfora el óvulo; la violencia de las células, de un estado al otro; la mutación, la expansión y el crecimiento, arremeten contra las vísceras del huésped, las arrinconan; abriéndose paso entre gritos sordos. En la sala de espera el primer rayo de luz invade la existencia y entre sangre y viscosidad el filo corta la carne. De ahí hacia adelante están las instituciones y el estado policial al que ser sometido.

La vida es un abuso de la palabra vida. Todos somos niños abusados. Obedece, ve tras eso. Las esperanzas son eternas formas de violencia, así como es violento el fuego que arde en la hoguera de Hypatia. Existe un orden para el caos y es la violencia nuestra única esperanza. ¿Cómo no va haber miedo? La constante es violencia, es violentar y en cualquier momento está nos encontrará. ¿Acaso eres tu la noche?. Y que sea este el cuestionamiento, aquel que sirva como prolegómenos a una noche salvaje, una noche brutal llena de violencia y desparpajo. El concierto de Child Abuse, es preciso todos estos cuestionamientos, configurados en un instante de enjundia. La violencia no puede estar más garantizada y más visible que aquí, en este momento. Escuche Child Abuse y verá, venga esa noche a ver Child Abuse y sentirá.

The Burros Discos presenta:
Por 1ra vez en Medellín, CHILD ABUSE (NYC) en vivo.

Ingreso: 20$
Apoyan: Geo Hostel & La Licuadora
+ info próximamente

SKiN GRAFT Records:
skingraftrecords.com

sábado, 24 de septiembre de 2016

El Sonido Subrepticio

El sonido subrepticio no lo encontrará reseñado en ningún medio, pero aún así usted ya está enterado de él. Pero hablemos de lo que no es el sonido subrepticio. Esto no es un espacio para exponer un estado del arte. Esto no es un espacio precisamente. Tampoco es tiempo. El sonido subrepticio no es convencionalidad, no hace parte de una red mediática. No es algo que sea una conspiración de amigos de las instituciones culturales. Subrepticio no tiene un discurso de amor, subrepticio no tiene un discurso. Este no es un discurso porque sabemos que los discursos atrapan y desgastan los cuerpos y las ideas no crecen. El sonido subrepticio hace parte de la nada, por eso cualquier cosa que quieran decir de él escapa a las posibilidades. No es un sonido que nos lleve al enriquecimiento ilícito, porque no es un sonido. No es un evento para ir, el sonido subrepticio no es una muestra, ni una investigación, ni un foro. Aquí no hay expertos del tema, ni grandes teóricos del asunto, no nos interesa adoctrinar. Por eso el sonido subrepticio no es una doctrina, ni un dogma, ni algo por lo que debamos o por lo tengamos que morir. No queremos defender sino el hecho que tenemos derecho a la fiesta.

Tenemos derecho a la subrepción y a la búsqueda de la desestabilización de cualquier eslogan o idea preconcebida. Tenemos derecho a una parte de la nada y a reclamarla cuando se nos venga en gana. Porque no somos borreguitos. Somos un animal desobediente y subversivo. Somos un animal de versos bajitos, de ruidos subterráneos e incendiarios. Amor es para nosotros no otra cosa que el respeto. El sonido subrepticio no es amor, ni se hace con amor; se hace con toda la intención de descontrolar, de mostrar una ruta, las varias rutas de insurrección.

Rodeados de amigos y de enemigos no sabemos quién es quién y no nos interesa saber. Allá afuera no hay nada más que personas que quieren desentenderse de formas y etiquetas, tal como nosotros. No somos organizadores de la nada, no agenciamos espacios, ni cuerpos, ni mentalidades. Al lameculismo, el amiguismo y la amiguería decimos no, no somos eso, ni lo apoyamos. Porque el sonido subrepticio es el resultado de una necesidad que se colma a partir de trabajar como Burros. Declinamos por el disfrute y el placer, hacemos lo que nos gusta. No nos interesa su dinero, seguimos siendo gente de a pie. Gente de a pie pero que repta. Si nos gustara el dinero seríamos narcotraficantes.
Pero no somos narcos; el sonido subrepticio no le gusta el dinero fácil. Por eso no tocamos puertas de ninguna institución del Estado, no buscamos apoyos porque, de verdad, nos autogestionamos; sacamos de nuestros bolsillos cuando hay cómo, y cuando no, nos unimos entre amigos para hacer fiestas. Fiestas que no son un espacio, ni una escena, ni vive de géneros. ¿Quiere saber lo que hacemos con el dinero que logramos captar? Usted está invitado a preguntar.

El ruido se ha institucionalizado, lo sabemos. Es por ende que las manifestaciones por fuera de este círculo se toman como una clara agresión al patriarcado sonoro del valle. Es allí donde toma fuerza la subrepción, como un acto oculto de insurrección ante los modos de operar de los conglomerados culturales. Así que libérese de toda pose y asista al posconflicto sonoro.

viernes, 25 de marzo de 2016

The Burros Discos presenta: Red Rumsey (Unwound/Blonde Redhead) en Medellín



Podemos decir que siempre suceden cosas, cosas comunes, acontecimientos intrascendentes que no aportan nada y no dejan la más mínima marca. Las cosas se suceden, se superponen hasta lograr que un hecho sin precedentes se presente ante la vista de los incautos.
Los ojos cándidos son luz de un acontecimiento que apiló una serie de procesos rutinarios: hable aquí, pacte allí, programe allá. La palabra se hace carne, se solidifica la energía y la mirada de un burro con el poder de visión de la Gorgona, consolida un pacto, unas palabras, se hace carne el verbo en este nido de culebras.

Este burro es culebrero, es palabreador, pero sobretodo vio la luz en el único lugar del planeta donde pudo haberse dado: Medellín, ciudad mística metida en un tazón indígena formado por montañas, accidentes geográficos de pendientes y lomas, hacen difíciles los caminos y el trasegar de los usurpadores. Por las noches es una ciudad que brilla cual guaca, ofrendas malditas que brillan por el rencor de los espantos; viejos espantos que nos incitan a matar por dinero, por lo que brilla, el peso del pasado lo llevamos a lomo de burro, con nuestros muertos y vírgenes violadas. Pero son acontecimientos que se dieron sin una evidente trascendencia. Devolvamos al mundo lo robado, las joyas malditas llevan rezos; estamos malditos, este es un valle de muerte: el valle de la burra.


Por las noches cuando intentamos dormir nos preguntamos cierta cantidad de veces sobre los visitantes, los extranjeros, esos que vienen con la mirada de un foráneo. Vienen a este lugar, invitados por avisos de luz; como chapolas se acercan a nuestra ciudad con todo el desconocimiento de la muerte. La muerte acedia, la muerte brilla al final. No podemos dormir, hay ruidos extraños por el lugar;  nos levantamos como expulsados por la cama, caminamos por el pasillo, algo aletea en la sala, una chapola negra está en la casa. Emisario de la muerte, no es la muerte en sí. No avisa para llegar, solo avisa que una muerte vendrá. Hay que hacer preparativos, la muerte es un evento importante, hay que recibirla también por lo pronto a este extraño ser lo recibimos en nuestra casa. Verm Rumsey está en la casa. 


Es un gran suceso, es alguien de ese Olimpo del rock de los 90s quien nos visita, ese Olimpo del rock noventero que casualmente se dio a luz en la ciudad de Olympia. Muchos no lo saben, pero Vern Rumsey fue integrante fundacional de Unwound, banda de culto de Noise, Post-hardcore que,  entre conocedores, brilla con una luz propia, equivalente al brillo proyectado por bandas como Nirvana. Ambas proceden de la misma región de los Estados Unidos, el estado de Washington. La desazón, la zozobra, el desasosiego son temas recurrentes en los cantos que entonan los artistas que ven la luz en aquella región del norte del continente. 

Esto es algo que une este valle de espantos con aquel Olimpo de dioses malditos.

LUGAR: SALA SENTIDOS (CRA 80 # 49 - 64)
COVER: 10 K
ORGANZA: THE BURROS DISCOS
APOYA: SALA SENTIDOS